Qué vas a aprender
Esta clase aborda un problema clínico muy frecuente y de elevada complejidad asistencial: el paciente con dolor abdominal crónico o recurrente en el que la analítica, las pruebas de imagen y la endoscopia no identifican una causa concluyente. El eje central de la sesión es cuestionar la tendencia a atribuir de forma precoz estos cuadros a trastornos funcionales o a factores emocionales, y reivindicar una exploración dirigida de la pared abdominal, de la musculatura y de la posible participación neuropática o radicular como origen real del dolor. La ponente insiste en que parte de estos pacientes presentan dolor somático de la pared abdominal o dolor referido de estructuras musculoesqueléticas, entidades que pueden pasar desapercibidas si no se buscan activamente.
La primera idea clave es que el dolor abdominal parietal está infradiagnosticado. Frente a la creencia de que la ausencia de hallazgos orgánicos orienta automáticamente a un origen funcional, la sesión remarca que el dolor de origen muscular, fascial o nervioso puede simular patología visceral y no aparecer en las pruebas convencionales. En este contexto, el signo de Carnett adquiere un papel central como maniobra clínica sencilla, de gran utilidad práctica. Se explica que, al contraer la musculatura abdominal, el empeoramiento del dolor sugiere un origen parietal, mientras que su alivio orienta más hacia un dolor visceral, al quedar las vísceras protegidas por la contracción muscular. La ponente lo presenta como una herramienta exploratoria de alto rendimiento y recuerda que, pese a su simplicidad, con frecuencia no se realiza en la práctica clínica habitual.
La clase se estructura después en varios casos clínicos. En el primero, una mujer de 75 años con diverticulosis consultaba por dolor abdominal de dos meses de evolución, localizado en flancos y fosas ilíacas, con múltiples visitas a urgencias e ingreso en medicina interna. Aunque el antecedente digestivo podía inducir a pensar en un origen visceral, la ausencia de datos inflamatorios y la presencia de signo de Carnett positivo y de cuadrado lumbar doloroso orientaron hacia un origen parietal. La radiografía y el TAC mostraron aplastamientos vertebrales, interpretándose el cuadro como un dolor abdominal de origen parietal secundario a afectación musculoesquelética relacionada con fracturas vertebrales y síndrome miofascial del cuadrado lumbar. Este caso ejemplifica cómo una lesión osteomuscular puede expresarse clínicamente como dolor abdominal y cómo la exploración física redirige el diagnóstico cuando los estudios digestivos no son concluyentes.
En esta paciente se describe además el uso de un bloqueo diagnóstico-terapéutico con anestésico local y corticoide, dirigido inicialmente al cuadrado lumbar por la sospecha de dolor irradiado desde dicha estructura. La respuesta fue muy favorable, con mejoría clínica inmediata e importante reducción de la intensidad del dolor, lo que reforzó el diagnóstico de dolor parietal. A partir de este ejemplo, la sesión defiende el valor del bloqueo no solo como tratamiento, sino también como procedimiento confirmatorio en cuadros dudosos o persistentes.
El segundo caso corresponde a una paciente con un dolor de 10 años de evolución, antecedente de cirugía lumbar y hallazgos de hipoestesia en hipocondrio derecho. Aunque la resonancia mostraba una siringomielia, el dato clave fue la sospecha de compromiso neurológico segmentario. Finalmente, un estudio neurofisiológico confirmó una radiculopatía crónica en T11, permitiendo interpretar el cuadro como un dolor abdominal de origen parietal por afectación radicular torácica baja. Este caso amplía el marco conceptual de la sesión: no todo dolor abdominal sin causa digestiva es miofascial; algunas formas son neuropáticas o radiculares, y requieren un alto índice de sospecha clínica.
A propósito de este caso, la ponente describe la técnica de bloqueo de la pared abdominal, utilizada con finalidad diagnóstica y terapéutica. Señala que puede realizarse con apoyo ecográfico, dirigiendo la aguja hacia el plano fascial o muscular afectado, e infiltrando anestésico local con o sin corticoide de depósito. Se subraya que el objetivo no es solo farmacológico, sino también mecánico: alcanzar el plano correcto y generar volumen para separar fascias y aliviar estructuras adheridas o hipersensibles. La mejoría tras el bloqueo apoya firmemente el diagnóstico de dolor parietal.
El tercer caso ilustra un escenario especialmente frecuente: la paciente multioperada con dolor abdominal crónico y repetidas consultas por dolor y vómitos, sin hallazgos concluyentes en estudios sucesivos. La ponente revisa el caso de una mujer de 60 años con múltiples cirugías abdominales complejas, rechazo de malla, eventración, ingresos reiterados y exploraciones complementarias repetidamente no diagnósticas. En este contexto, se plantea la posibilidad de un dolor parietal posquirúrgico, aun cuando el signo de Carnett sea dudoso. La exposición insiste en que un Carnett no claramente positivo no excluye el origen parietal y que, ante la persistencia clínica, un bloqueo diagnóstico puede aportar mucha información. También se recuerda que el dolor crónico intenso puede inducir síntomas vegetativos, incluidos vómitos e hipotensión, sin que ello obligue a asumir una causa obstructiva o exclusivamente visceral.
Esta parte de la clase introduce además la relevancia del dolor abdominal posquirúrgico crónico, destacando que su incidencia no es desdeñable y que ciertos factores como tabaquismo, cirugías prolongadas, complicaciones posoperatorias o recuperaciones complejas aumentan el riesgo. Se menciona de forma llamativa la elevada frecuencia de dolor abdominal crónico tras cesárea, insistiendo en que este antecedente debe explorarse de forma dirigida cuando una paciente presenta dolor abdominal persistente sin explicación aparente. Se expone también que, en pacientes posquirúrgicos, el beneficio del bloqueo puede estar relacionado con la hidrodisección, al separar fascias adheridas y disminuir el dolor originado por cicatrices, atrapamientos o síndromes miofasciales secundarios.
El último caso clínico presentado es el de una paciente joven con 12 cirugías por endometriosis, incluida histerectomía radical, que mantenía dolor persistente en fosas ilíacas e hipogastrio. Aunque el signo de Carnett era negativo, la exploración dinámica reprodujo el dolor con maniobras compatibles con afectación del psoas-ilíaco, estructura capaz de generar dolor que simula origen pélvico o anexial. La ponente subraya que el dolor del psoas puede manifestarse con molestias en fosas ilíacas, ingles o hipogastrio y exacerbarse al subir escaleras, caminar o movilizar la extremidad. En esta paciente se realizó primero un bloqueo diagnóstico del psoas-ilíaco y posteriormente técnicas intervencionistas adicionales, mostrando cómo el enfoque clínico debe individualizarse según la anatomía dolorosa y la respuesta a las maniobras exploratorias.
En conjunto, la clase propone un cambio de paradigma en el paciente con dolor abdominal de origen incierto. El mensaje principal es que, antes de etiquetar estos cuadros como funcionales o psicógenos, debe contemplarse de forma sistemática el dolor parietal, miofascial, neuropático o posquirúrgico. Para ello son fundamentales la anamnesis orientada, la exploración física específica —incluyendo signo de Carnett y maniobras musculares dirigidas— y, en casos seleccionados, los bloqueos diagnósticos ecoguiados o anatómicos. La sesión no plantea recomendaciones terapéuticas globales, sino que enfatiza el reconocimiento clínico de entidades frecuentemente pasadas por alto que pueden explicar una parte importante del dolor abdominal crónico sin hallazgos viscerales demostrables.
MOMENTOS DESTACADOS:
- 00:00:33. El reto clínico del dolor abdominal sin hallazgos en analítica, imagen o endoscopia.
- 00:01:14. Pregunta inicial: sesgos diagnósticos ante el dolor abdominal crónico.
- 00:02:02. Introducción al dolor parietal como causa infrareconocida.
- 00:02:46. Caso 1: paciente anciana con dolor abdominal, Carnett positivo y fracturas vertebrales.
- 00:04:38. Revisión práctica del signo de Carnett y su interpretación fisiopatológica.
- 00:05:27. Diagnóstico de dolor abdominal parietal por síndrome miofascial y aplastamientos vertebrales.
- 00:06:03. Utilidad del bloqueo diagnóstico-terapéutico en cuadrado lumbar.
- 00:06:09. Caso 2: dolor abdominal crónico con hipoestesia y sospecha de origen neurológico.
- 00:07:20. Confirmación de radiculopatía T11 como causa de dolor abdominal parietal.
- 00:08:08. Bloqueo de pared abdominal: fundamentos y valor diagnóstico.
- 00:09:49. Técnica ecoguiada de infiltración fascial-muscular con anestésico y corticoide.
- 00:10:27. Caso 3: paciente multioperada con dolor difuso, vómitos e ingresos repetidos.
- 00:12:28. Dolor crónico, vómitos y componente vegetativo: interpretación clínica.
- 00:13:10. Dolor abdominal crónico posquirúrgico: incidencia y factores de riesgo.
- 00:14:58. Hidrodisección y papel del volumen infiltrado en pacientes con adherencias fasciales.
- 00:16:52. Caso 4: endometriosis intervenida múltiples veces y dolor hipogástrico persistente.
- 00:17:24. Dolor del psoas-ilíaco como simulador de dolor pélvico o abdominal bajo.
- 00:18:10. Bloqueo diagnóstico del psoas-ilíaco y escalada intervencionista en dolor refractario.
OBJETIVOS DE APRENDIZAJE:
- Reconocer el dolor abdominal parietal como diagnóstico diferencial en pacientes con dolor abdominal crónico y estudios digestivos no concluyentes.
- Comprender la utilidad del signo de Carnett en la diferenciación entre dolor visceral y dolor originado en la pared abdominal.
- Identificar manifestaciones clínicas de dolor miofascial, radicular y neuropático que pueden simular patología abdominal visceral.
- Analizar el impacto del antecedente quirúrgico abdominal en la génesis de dolor crónico, atrapamientos fasciales y síndromes adherenciales de la pared.
- Valorar el papel del bloqueo diagnóstico-terapéutico como herramienta de confirmación clínica en dolor parietal abdominal.
- Reconocer la relevancia del cuadrado lumbar y del psoas-ilíaco como fuentes musculares de dolor abdominal o pélvico referido.
- Evitar la atribución prematura del dolor abdominal inexplicado a un origen funcional o exclusivamente emocional sin completar una exploración somática específica.
- Integrar una aproximación clínica estructurada al paciente hiperdemandante con dolor abdominal recurrente y ausencia de hallazgos en pruebas convencionales.




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